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¿A ti te han llamado “mala madre”? Cuando dar espacio y confianza también se juzga

  • Foto del escritor: Sara
    Sara
  • 7 may
  • 4 min de lectura

Hace poco publiqué un short en YouTube titulado “¿A ti te han llamado mala madre?”, donde entrevisto a Kat Lumen.

El vídeo ha conectado con muchísimas personas porque toca algo muy profundo: el miedo al juicio en la maternidad.

En la conversación hablábamos de cómo Kat, madre de dos hijos, artista y extranjera viviendo en otro contexto cultural, ha recibido críticas por una forma de criar basada en la confianza, la autonomía y el espacio para explorar.

Es decir, por no estar constantemente encima de sus hijos.


Y ahí aparece una pregunta interesante:

¿cuándo empezamos a asociar el control constante con ser una “buena madre”?



La etiqueta de “mala madre”

La expresión “mala madre” rara vez describe una realidad objetiva. La mayoría de las veces funciona como una herramienta social de corrección.

Se utiliza cuando una mujer se sale del modelo esperado:

  • cuando no hipercontrola

  • cuando permite autonomía

  • cuando no responde al ideal de madre sacrificada y permanentemente vigilante

  • o cuando cría de una manera diferente a la dominante en su entorno

Muchas veces ni siquiera hace falta decirlo explícitamente. Basta una mirada, un comentario o cierta incomodidad alrededor.

Porque la maternidad sigue siendo uno de los espacios más vigilados socialmente.



Dar espacio no es abandonar

Uno de los temas centrales de la entrevista con Kat Lumen fue precisamente este: cómo algunas personas interpretaban como “desatención” el hecho de permitir a los niños explorar de forma libre.

Sin embargo, esta mirada está muy relacionada con enfoques de pedagogías activas y con autoras como Emmi Pikler, que defendían la importancia del movimiento libre, la autonomía y la confianza en el desarrollo infantil.

Desde esta perspectiva:

  • el niño no necesita una intervención constante

  • explorar forma parte del aprendizaje

  • y el adulto acompaña sin invadir continuamente la experiencia del menor

La diferencia es muy importante:no se trata de ausencia, sino de una presencia distinta.

Una presencia que observa, sostiene y confía.


¿Por qué esto incomoda tanto?

Porque vivimos en una sociedad donde muchas veces se asocia el buen cuidado con la supervisión constante.

Cuanto más encima parece estar una madre:

  • más responsable parece

  • más implicada

  • más “buena madre”

Mientras que dar espacio puede generar sospecha o juicio.

Especialmente en contextos donde existe una cultura más protectora y más pendiente de lo que hacen los demás.


Diferencias culturales en la crianza

Algo muy interesante de la conversación fue también la diferencia cultural.

Kat Lumen, al venir de Países Bajos, aportaba otra mirada sobre la infancia y la autonomía.

En muchos países del norte de Europa:

  • se fomenta antes la independencia infantil

  • existe más confianza en la capacidad del niño para explorar

  • y hay menos presión social sobre ciertos estilos de crianza

Mientras que en España, en términos generales, la crianza suele estar más observada socialmente y más ligada al control y la protección constante.

Esto no significa que una cultura sea mejor que otra, pero sí muestra algo importante:

la idea de “buena madre” cambia según el contexto cultural.


Pueblo, ciudad y maternidades observadas

También influye mucho el lugar donde se cría.

En pueblos o entornos más comunitarios:

  • suele haber más red

  • pero también más observación y opinión externa

En ciudades:

  • hay más individualismo

  • y a veces más soledad en la crianza

En ambos casos muchas madres viven una sensación constante de evaluación.

Como si siempre hubiera alguien mirando si lo están haciendo bien o mal.


Kat Lumen: arte, maternidad y una vida no normativa

La historia de Kate también resulta interesante porque rompe varios moldes al mismo tiempo.

Su experiencia cuestiona ciertos modelos tradicionales de maternidad: ser madre de dos, artista y vivir en un entorno creativo no encaja siempre con la imagen social de la “madre perfecta”, pero sí con una maternidad viva, consciente y auténtica.



Desarrolla su proyecto musical en solitario como cantante: Kat Lumen

Y además forma junto a su pareja Buno Gullo la compañía familiar: Canti Vaganti

Su vida mezcla maternidad, arte, movimiento y creación de una manera poco convencional.

Y quizá por eso mismo también cuestiona ciertos modelos rígidos sobre cómo “debería” ser una madre.


Cómo evitar que la etiqueta nos atraviese

El problema de la expresión “mala madre” no es solo el juicio externo, sino cómo puede acabar instalándose dentro de una mujer.

Por eso es importante aprender a preguntarnos:

  • ¿esto es una necesidad real del menor o una expectativa social?

  • ¿estoy criando desde el miedo o desde la confianza?

  • ¿por qué ciertas formas de autonomía generan tanto juicio?

No existe una única manera correcta de acompañar la infancia.

Y quizá una parte importante de la maternidad consciente consiste precisamente en poder sostener nuestras decisiones sin vivir permanentemente bajo evaluación externa.


Para seguir pensando

La conversación con Kat Lumen deja una reflexión muy necesaria:

dar espacio, confianza y autonomía no convierte a una madre en una “mala madre”.

Tal vez lo incómodo no sea la crianza en sí, sino cuestionar un modelo social que confunde amor con control constante.

Puedes ver el short aquí:



Quizá muchas madres no necesitan más consejos, sino menos juicio. Si alguna vez te hicieron sentir una “mala madre” por criar de manera diferente, por confiar o por no seguir el modelo esperado, me gustaría escucharte. ¿Cuál es tu experiencia?

 
 
 

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